En el ejercicio de cualquier profesión hay una realidad.
Y es que el riesgo jurídico forma parte del trabajo diario.
Entiendo que son de las cosas que quedan en un segundo plano y que se pierde de vista pero que hay que tener muy presente.
En la profesión sanitaria, por ejemplo, las obligaciones aumentan, la carga asistencial es mayor y la exposición a reclamaciones crece cada año.
Y no es cuestión de alarmar, es cuestión de asumir cómo funciona hoy el ejemplo del profesional del ámbito sanitario (podríamos hablar del arquitecto, el procurador, el registrador, el abogado cómo no).
Todas.
Las reclamaciones más habituales suelen tener un patrón claro.
Van desde errores en la práctica asistencial hasta incidencias con datos personales, pasando por situaciones que afectan a la seguridad del profesional en su propio entorno laboral.
Algunas especialidades, por la naturaleza de la asistencia que prestan, pueden enfrentarse incluso a expedientes de especial complejidad técnica y civil.
Por eso cuando surge una reclamación, lo que ocurre en los primeros pasos marca la diferencia.
Y ahí es donde muchas veces se cometen los errores.
Te digo cómo evitar muchos.
Actuar, ante todo, con serenidad.
Conocer el procedimiento, muchos no lo conocen en su sector y les pillan cosas de nuevas.
Documentar correctamente cada actuación.
Y contar con asesoramiento jurídico desde el principio.
Parecerá obvio pero no solo es para evitar perjuicios mayores, también para proteger algo que cuesta años construir y que es una amenaza sustancial.
La pérdida de tu reputación profesional.
Si desarrollas una actividad profesional con riesgo de responsabilidad civil se está jugando mucho más de lo que uno puede pensar.
