El error profesional que nadie espera

Un detalle mínimo te puede costar mucho.

A veces no hace falta un gran error para que todo se tambalee.

Un arquitecto que revisa cien veces un plano…y olvida un matiz.

Un médico que sigue un protocolo, pero el paciente alega lo contrario.

Un administrador de sociedades que firma con buena fe y termina señalado en los tribunales.

Incluso el mejor puede verse acusado. 

Lo he visto en muchas ocasiones con arquitectos, ingenieros, médicos, jueces, abogados, procuradores o administradores que un día se vieron en el centro de una tormenta por su responsabilidad profesional.

Hoy quiero enviarte un mensaje de tranquilidad.

Porque no se trata de culpabilidad, sino de demostrar que actuaste conforme a la lex artis, y de tener una defensa que sepa hablar el mismo idioma que hablas tú en tu profesión.

Esto es clave.

Y es clave porque la diferencia entre hundirse y salir adelante no suele estar en la magnitud del error, sino en la calidad de la defensa.

Un profesional liberal debe tener la tranquilidad de que, pase lo que pase, cuenta a su lado con un despacho que entiende su mundo.

Ya sabes que si te ves en alguna de estas, o alguien cercano, escríbenos.