Una póliza no es una pócima

El Derecho del Seguro ha sido desde siempre uno de los ámbitos en los que más intensamente he trabajado.

No solo por su complejidad técnica, sino por lo que representa para quien deposita su confianza en una compañía que, llegado el momento, puede no cumplir como espera.

A veces en más ocasiones de lo deseado.

A lo largo de los años, he defendido a asegurados, profesionales y empresas en controversias relacionadas con coberturas denegadas, indemnizaciones insuficientes o interpretaciones abusivas de pólizas.

Muchas veces ha sido una sutil pero relevante cuestión lo que ha permitido revertir situaciones que parecían cerradas.

En una ocasión nuestro cliente obtuvo su indemnización porque descubrimos que en un accidente de tráfico el parte hablaba de un golpe a muy poca velocidad, casi un roce, pero la fotografía del vehículo mostraba una deformación trasera que no encajaba con esa versión.

Esa diferencia nos llevó a pedir una pericial biomecánica que confirmaba algo clave: el impacto generó una fuerza mucho mayor de la que la compañía había estimado.

No era un “golpecito”. Era un golpe con capacidad lesiva real.

A partir de ahí todo cambió. Con el informe pericial en la mano, la aseguradora tuvo que recalcular la oferta. Pasamos de una indemnización simbólica a una cuantía justa y acorde a las secuelas que nuestro cliente sufría.

El seguro debe ser un instrumento de protección, no de incertidumbre.

Y es precisamente ahí donde la experiencia acumulada permite distinguir entre lo posible y lo justo.

Si en alguna ocasión su aseguradora rehúsa una cobertura o demora una respuesta, no dudes en consultar.

Cada palabra en una póliza tiene un significado jurídico que conviene entender antes de aceptarlo.