La Administración siempre tiene una excusa.
Cuando un servicio público falla como una calle en mal estado, una tubería que cede, una obra mal hecha, la respuesta es casi siempre la misma:
“La culpa es suya, no nuestra”.
La Administración Pública debería ser un protector.
Pero para el ciudadano no en pocas ocasiones se comporta como un gigante torpe, ciego y, a veces, profundamente malvado.
Confía en que mires su tamaño, te sientas insignificante y decidas no reclamar.
Sabe que, para la mayoría, enfrentarse a la Administración es como intentar mover una cordillera con las manos desnudas.
Pero hasta los gigantes tienen un talón de Aquiles.
Hoy comparto contigo cómo actuar en casos de Responsabilidad Patrimonial de la Administración.
Tuve un cliente que demandó a un Ayuntamiento porque la acera en mal estado estaba enviando humedad por capilaridad a la fachada de su casa.
La defensa de la Administración fue que la humedad era culpa del dueño por no impermeabilizar bien su vivienda.
Bien.
Una persona sin el análisis técnico adecuado habría aceptado esa derrota.
Pero mi trabajo es dominar la prueba.
Por eso la clave no fue probar el 100% de la culpa del Ayuntamiento, sino actuar destruyendo su alegación de culpa exclusiva.
En este caso logramos que el Juez reconociera concurrencia de culpas, condenando al Ayuntamiento a pagar la mitad de los daños de nuestro cliente.
Y, algo muy relevante, se le obligó a reparar también la acera de la calle para eliminar el foco del problema, lo que fue doblemente satisfactorio.
Si el gigante de la Administración te causa un perjuicio escríbenos porque en el despacho cómo piensan los jueces en esos asuntos y cómo obligar a la otra parte a asumir su responsabilidad.
