La justicia no es solo una sentencia; es el final de un relato donde la verdad logra derribar los muros de la opacidad institucional. El siniestro de El Bocal, en Santander, ocurrido este pasado 3 de marzo, es una de esas heridas abiertas que trascienden lo técnico.
El Colapso de una Cadena de Vigilancia
Ver cómo una ruta escolar culmina en el colapso de una pasarela y la pérdida de seis vidas jóvenes nos sitúa ante un espejo incómodo. En el despacho hemos visto cómo las administraciones intentan esquivar su deber y cómo las aseguradoras niegan lo evidente. Sin embargo, la investigación judicial en Santander está arrojando luz sobre un rastro de negligencia administrativa que no podemos ignorar:
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La advertencia ignorada: Un vecino alertó al 112 sobre el mal estado de la estructura apenas 24 horas antes del siniestro.
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El abandono institucional: Los registros indican una ausencia total de mantenimiento preventivo en la zona desde el año 2017.
¿Fuerza Mayor o Responsabilidad Patrimonial?
Es común escuchar que estos sucesos son fruto de la “fuerza mayor” o una fatalidad del destino. Pero la jurisprudencia es tajante: el Estado es responsable del funcionamiento de los servicios públicos, ya sea este normal o anormal.
Cuando existe un aviso previo y una desidia prolongada, la “fatalidad” desaparece para dar paso a la responsabilidad patrimonial. No colapsó solo una viga; colapsó el sistema de protección al ciudadano.
La Estrategia Frente a la Opacidad
Ante casos donde la “responsabilidad compartida” se usa como escudo administrativo, la clave reside en una investigación exhaustiva y una estrategia firme.
La justicia es el resultado de desmontar, pieza a pieza, el silencio institucional.
En la gestión de estas reclamaciones, la experiencia no es un grado, es la única herramienta capaz de garantizar que una tragedia no quede impune.
